Washington: el orden de una capital

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Washington Capitolio

Washington Capitolio

Llegamos a Washington en bus, que para a la misma estación de tren. Y solo pisar la ciudad ya tienes esa sensación de que estás en una capital oficial de un estado. En sus calles, en su aire se respira el ambiente formal que se encuentra en este tipo de ciudades. A diferencia de lo que pasa en otras ciudades, como en Nueva York, Toronto o Barcelona, que no son capital, todo parece ordenado, calculado previamente y dejando poco lugar a la improvisación. Incluso parece que los peatones, aquí, circulan a una velocidad más lenta que en el resto del mundo. La inmensidad de sus calles, la majestuosidad de sus monumentos y las diferentes y numerosas sedes gubernamentales  contribuyen a dar esta sensación. Pero aún así la ciudad puede sorprenderte.

Empezamos nuestra ruta por la Estación de Washington, muy cercana al Capitolio, que se puede visitar. Lo más recomendable es hacer la reserva previa y así ahorrarse colas y asegurarse la visita, aunque también es posible entrar sin cita previa. Con la visita descubrimos diferentes espacios del edificio, como la sala con las estatuas de los presidentes estadounidenses y de figures importantes en su historia. Pero en el recorrido, lamentablemente no nos muestran los espacios de debate y donde trabajan los congresistas. Terminado el recorrido, y ya por libre, resulta muy recomendable cruzar el pasillo subterráneo y llegar hasta la biblioteca del Congreso. Es espectacular, ya que cuenta con una infinidad de libros y además allí se puede contemplar la biblia de Gutenberg, de la que guarda cuatro copias en perfecto estado. Aunque se pueden ver diferentes espacios de la biblioteca, lamentablemente no es posible acceder al espacio donde están los documentos y libros históricos ya que es una zona reservada a los investigadores.

Muy cercano al Capitolio y antes de ir hacía el Mall nos encontramos con la corte suprema de justicia. Es el tribunal de mayor rango que existe en Estados Unidos y su presidente es el conocido com Chief Justice of United States.  El edificio, que ha salido en multitud de películas es visitable.  No es necesaria cita previa, pero si que para acceder a él se deben pasar los preventivos controles de seguridad. Una vez dentro se pueden ver algunos espacios del interior del edificio. Además, nosotros salimos por las grandes escaleras que son un signo de identidad de su exterior.

Y una vez visitado este edificio, es un buen momento para emprender la ruta hacia el Mall, al lado opuesto del Capitolio. Des de su extremo quizá puede parecer que no es tan largo, pero si te empeñas en recorrerlo todo a pié, te darás cuenta de su longitud. A lado y lado del Mall encontramos diferentes museos. Son el Museo de los Indios Americanos; el de Aire y el Espaio, el Hirshhorn, la Galería Nacional de Arte; el de Historia Natural y también el de Museo Nacional de Historia Estadounidense. Además, la entrada es gratuita a todos ellos.

En el mismo Mall también encontramos el monumento a Washington (Washington Monument). Para entrar existen dos opciones: reservar por internet, previo pago de un dólar o hacer cola a primerísima hora de la mañana para conseguir una entrada gratis. Eso sí, en época de verano las colas son muy largas y si no se madruga lo más probable es quedarse sin poder entrar en el monumento.

En el mismo Mall, una vez pasado el monumento nos encontramos con el monumento a la Segunda Guerra Mundial y todo seguido con la llamada Reflecting Pool. Un largo pasillo de agua que finaliza con el memorial a Lincoln. Pero antes de llegar aquí, se pueden visitar los memoriales a otros presidentes. Solo es necesario desviarse hacia la izquierda, y en un paseo que se puede alargar unas horas nos encontraremos con las grandes estatuas y monumentos de recuerdo a Thomas Jefferson, George Mason, Franklin Roosevelt y Martin Luther King Jr. Y con esto es un buen momento para finalizar el primer tramo de este viaje a Washington, antes de acercarnos a uno de sus iconos más emblemáticos y conocido mundialmente: la Casa Blanca, de la que hablaremos en un próximo post.

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